Tregua

Alone’nThePark’15 (thephotoside)

Alone’nThePark’15 (thephotoside)

Parece ser que hoy toca tregua. Los bandos descansan compartiendo tabaco, recuerdos y ron. Hablan de deliciosas rutinas que suben de caché cuanto más se acerca el precipicio.

Hay paseos tranquilos en el campo de batalla que, hoy, se viste de campiña al sol de la Toscana. Los fusiles, la sangre y la pérdida no existe en esta jornada en la que, a las bombas, les relevan las praderas, los riachuelos de agua fresca, los árboles y el leve viento que mece sus copas. Pareciera, esa agradable brisa, llevarse la porquería que se enquista en las almas, tras varios días de corazones encogidos por la lucha.

Hoy toca tregua y las pequeñas celebraciones, al caer el sol, nos llevan a aquellos lugares en los que fuimos niños felices, un julio cualquiera, rodeados de amigos correteando por el parque, borrachos de celebración sin razón alguna. Solo la de estar vivos y poder disfrutar de nuestra libertad. En todas sus formas posibles. Una atardecer cualquiera de verano, en los parques donde niñas y niños, madres y padres y abuelos y abuelas son, simplemente, felices por el sol que les ilumina las pupilas y los rostros, plenos de facciones relajadas y miradas alegres en las que todos se reconocen como parte del mismo ejército de humanidad.

Hoy toca tregua en la trinchera y, pendientes de los columpios, damos gracias por un día más.


Ansias

pluma

Millones de letras rescatadas
bailan el final del cautiverio,
lechones de bellas palabras
alzan sus brazos hacia un cielo
que, aún, se les escapa.

Hoy quiero apagar la calle.
Hoy, mi sitio es tu casa
donde mi felicidad acecha
y se encuentra la cama
en la que recuperé el sueño

y tu olor es la avalancha
y el torrente y la tormenta
donde se guardan todas las llaves
de todas las puertas
tras las que se esconde

el margen para el error
que se queda sin voz,
argumentos, prisas, rabias
ante la luz de tu sonrisa a juego
con la bondad que mana de tus miradas.

Benditas sean las razones
de nuestras manos entrelazadas.


Lo callado

mailbox

Tu buzón será el cofre
donde donde se erija este nuevo secreto
nuestro, como suele ser lo callado.

Llenaré de palabras
la boca metálica con nombres escritos
en la extraña lengua que ahora hablo.

Cumpliré las silenciosas promesas
que se me ocurren de camino al tren
de vuelta a la vida real.

Trabajo y madrugón encierran,
durante cuatro jornadas y un día,
nuestro pequeño reino de elfos y ninfas

y mi celda transparente donde
duendes felices, subiendo por mi barba,
besan las cicatrices con las que me marcan

en su broma tan temprana,
que las seis de la mañana
es buena hora para buscar mis límites

los que suelen encontrar
las noches calientes de verano
casi en el mismo lugar donde

nace la clandestinidad de esa mano
soñadora de un junio en llamas
habiendo ya incendiado mayo.

Mientras, tu buzón será el cofre
donde se erija, también, este secreto.
Nuestro, como suele ser lo callado.


Espacios

discoSpace'17

discoSpace’17 (thephotoside)

Se debate entre el todo de la pasión sin medida ni dique ni control, dentro de límites casi razonables, y ese espacio en el que se oxigenan las alcobas. El contrapeso de la razón le corta las alas al sentimiento, lo apacigua, lo calma. Le pone los pies en la tierra y, más seguro, lo baja de las nubes y lo pone a andar recetándole la dosis justa de realidad que protege al corazón y termina con el ensueño. El saber popular dice que es justo y necesario, tras un tiempo prudencial ardiendo entre las sábanas, sopesar. Es el momento de hacerle hueco a la moderación. El cumpleaños en el que madura el deseo y el libre albedrío se toma un descanso sin billete de vuelta.

Sam sabía que no hay mejor enemigo para la piel en ebullición que la modulación de los hábitos, la calma de las caricias, la premonición de los despertadores, el trajín de los cuerpos en transporte público, las rutinas de las listas de la compra y las facturas por pagar, todo ello agolpándose frente a la puerta de las expectativas sin tener en cuenta el tamaño del rellano. Hacía ya muchos fracasos que entendió aquello de que, estando las personas ocupadas en las necesarias tareas mundanas, se borran las huellas y el recuerdo del paritorio donde nacieron las hambres de dos almas gemelas.

Herir a un poeta es mucho más fácil de lo que la mayoría de la gente piensa. Sam lo sabía porque conocía bastante bien a uno y, al tenerle tan cerca, había aprendido una valiosa lección aplicable a toda relación, de manera universal: la ineludible tarea de construir ese espacio en el que, su camarada, pudiera respirar y seguir, a un ritmo sosegado, disfrutando de algún que otro café de los que terminan bien entrada la madrugada. Almas libres son y pocas cosas enturbian más el universo de estas especies que las cadenas a los horarios y cualquier cosa que huela a obligación de estar, a lo nocivo de la realidad innecesaria.

Ya se sabe que los que nos conocen se quedan con una parte de nuestra libertad. El espacio en el que estos especímenes se mueven para contarnos sus fantásticos y necesarios cuentos, aquellos imperceptibles detalles que nadie más es capaz de ver como, por ejemplo, la batalla entre el gesto transgresor de jugar a soñar despiertos junto a la mujer que aman y el latigazo en el pecho tras ver el movimiento con el que, por primera vez y sin pudor alguno, les cantan la hora de despertar. Una autentica falta de delicadeza por la que, donde otros se dan la vuelta para seguir durmiendo, ellos, los poetas, apean al acompañante y a su inoportuno ejercicio de realidad salvaje a base de letras entre el desasosiego, la venganza y el dolor de una desilusión que les pilla por sorpresa.

Es cosa complicada la gestión de los espacios. Tanto más si sumamos, a los propios, los ajenos. Quizá sea porque están vivos y, por consecuencia, de repente y sin previo aviso, cambian. No se negocia ni, puede que por falta de tiempo o tacto o valor o ganas, se habla. Es algo que simplemente ocurre mientras nosotros vamos improvisando el ejercicio de acomodar nuestros bártulos en los huecos traviesos que aparecen, desaparecen y modifican su tamaño jugando con nuestra paciencia y poniendo a prueba la capacidad que cada cual tiene para ir adaptándose a ellos. A los propios, a los ajenos, a los espacios cuya distancia justa siempre fue un misterio para Sam. Sobretodo cuando los silencios que no se entienden, aparecen locos de ganas por empezar a jugar.


El poder del viento

sandglass

Viento en los relojes
de las maldiciones temporales
que ahora, siendo ejército,
sangrarán a raudales
convirtiéndose en polvo.

Arena en los corazones
que se guardan en los castillos
donde todas mis canciones
hablan un idioma prohibido
y mis abrazos son coraza

y mis miradas, esperanza nueva
donde toda mi alma buena
aprieta los dientes
y se convierte en tirita
para alejar, de toda esa familia a la que pertenezco

los oscuros nubarrones y malditos trovadores
que nunca cantan las canciones
ni las historias que son solo nuestras
y de las sangres que más se quieren
cuyas tardes de verano, cuentan con nuestras promesas.